Y la vida va

 

 

 Concha García                                                                                                                                                                   Galería Daniel Cuevas_2021  

                                                                                                                                           

 

“.. Sólo unas pocas observaciones antes de terminar:

 Quiero decirte que muchas de las personas que conociste, se salvaron. Un barco rescató a los supervivientes en el bote salvavidas.

El bote salvavidas era “La Estrella del Norte”, y apareció milagrosamente. Desafortunadamente, no he escuchado nada más de los demás.

En cuanto a mi…tengo una buena noticia que darte:

¿Sabías que la leche del rinoceronte es de primera clase?

                                                                                                    (final _  E LA NAVE VA. Federico Fellini)

 

El viaje y la memoria son dos elementos fundamentales en el proyecto que presento bajo el título Y la vida va, en la galería Daniel Cuevas de Madrid.

En los últimos diez años de mi vida, he realizado muchos viajes, pero sin duda el trayecto más intenso emocionalmente ha sido el que recorre el tren ALVIA: MADRID-SANTANDER-MADRID.

 

Es el trayecto que inicié a mis 20 años, y el que probablemente haya realizado más de 800 veces

(considerando la ida y la vuelta como un solo viaje…) . Así de sencillo y poco emocionante, sin grandes dosis de aventura, pero para mí es el recorrido más importante que me ha ocupado horas y horas, y en el que he desmenuzado las grandes batallas de la vida.  

Es en esos momentos que con más temor esperamos (la enfermedad, la distancia, las pérdidas…), cuando el viaje toma otro sentido. Se convierte en un trayecto que inaugura un tiempo diferente, el que nos permite ir y volver de una realidad a otra, de buscar en la memoria y reconstruir el pasado a la espera de un futuro incierto.

No es nada especial lo que cuento, pero tampoco lo pretendo. Es probablemente la experiencia de cualquiera de ustedes con sus asuntos familiares. Es así como la vida va deslizándose en el tiempo y nos deja recuerdos, no siempre tan objetivos como pensamos e incluso llenos de errores y no verdades, aunque tal vez sea la forma que nos permite olvidar y fabular para así construir una memoria con la que poder seguir viajando.

 

Este proyecto empezó el 2 de febrero de 2015, mi tren Alvia con salida a las 7h. dirección Santander-Madrid, recorría entre las 8 y las 9 de la mañana, la zona de Alto Campoo, con una nevada espectacular.

El tren, al igual que el trasatlántico de Fellini, pasaba del ritmo lento a la alta velocidad, y desde la alta velocidad volvía a ralentizarse …. El blanco de la nieve eliminó todo el color del paisaje y de pronto la película se veía en blanco y negro, en un paisaje que parecía un auténtico dibujo al carbón (como aquellos que yo vine a aprender a realizar a Madrid)

Se convirtió en un paisaje desconocido, completamente nuevo para mí, muchas pérdidas familiares habían ocurrido…, sin duda era un paisaje nuevo.

En ese trayecto iba leyendo el libro de Georges Perec  la vida instrucciones de uso y en esos lapsos de tiempo, la lectura se iba fijando en mi memoria en pequeños párrafos del texto, mientras las imágenes corrían delante de mi cámara.

Aquel viaje quedó grabado, y gracias a ello he podido reconstruir esos momentos.

Unos años después, retomo ese video, como parte de mi memoria más confusa, deteniéndolo en fotogramas y rescatando las imágenes olvidadas. Sin duda rememoran en mi interior momentos muy emotivos y tal vez por eso las veo más bellas aún. Para poseerlas las imprimo, las dibujo, las copio, las escaneo, y las vuelvo a imprimir escalándolas para tener al tamaño de lo que imagino casi real, para no perder ni un detalle de aquellos momentos.

Rememoramos los momentos de nuestra vida intentando recuperar el tiempo, pero a veces se borran, y entonces repetimos y repetimos las escenas, aún así a menudo las perdemos, … pero tal vez sea mejor así.

 

Las lecturas ocuparon mucho esta década también y de ellas la memoria también me traiciona. No se a ustedes, pero a mi me cuesta cada vez más retener tanta información. Antes lo tenía más claro todo, ahora acumulo barullos de tanta red.

Por ello he decidido copiar algunos de esos textos directamente de los libros que a menudo leo y releo, porque intuyo que seguramente también forman parte de lo que en esencia soy, y no quiero perderlo.

El universo en una cáscara de nuez, El barco de las orquídeas, La poética del espacio, Cartas a un joven poeta, Hacia un saber del alma.… y muchos otros que no caben en este proyecto, han formado parte de mi tiempo y deben estar seguramente en mi memoria, aunque es probable que de un modo poco preciso.

Leo en un libro de ciencia, que a principios del siglo XIX los científicos pensaban que todo se movían en una capa de fondo que llamaban ‘éter´; me fascina esa idea y creo que realmente vivimos envueltos en ese éter, que a modo de velo super frágil recoge nuestro tránsito.

 

 Y finalmente, como en la película de Fellini, a veces los viajes terminan en un naufragio del que tan sólo se salva el narrador y algunos pocos más. Sin duda en este bote salvavidas del arte me llevo conmigo ese enorme rinoceronte…

 

 

                                                                                                                                                                                                                 Concha García 2021

 

 

RELATOS DEL MAL_ESTAR CONCHA GARCÍA_ 2017


De nuevo los estados del ser vuelven a ser el motivo de mi trabajo. En anteriores proyectos, los verbos ser y estar pusieron título a algunas de las obras y series de trabajos bajo la ambigua definición de ambos términos. Así apareció –la sala de ser- o - la sala de no estar- , en proyectos que desarrollé a través de dibujos, esculturas e instalaciones
El malestar - MAL_ESTAR- es el nuevo término que nos ocupa. Definido por la Real Academia Española, como: Desazón, incomodidad indefinible.
Encontramos referencias de gran interés para nuestro proyecto en los escritos de Sigmund Freud “El malestar en la cultura”, en el cual plantea dos cuestiones claves para entender este estado del individuo: por un lado aparece el sentimiento de culpa, producto de las exigencias y restricciones impuestas por la cultura; y la pulsión de destrucción, que nos enfrenta al debate entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte.
Un segundo referente más reciente lo encontramos en el libro de José Luis Pardo “Estudios del malestar”, en el que plantea cómo determinadas políticas consiguen capitalizar el estado del malestar para convertirlo en algo políticamente rentable.
Un tercer referente han sido, sin duda, los poemas de Charles Baudelaire “Las flores del mal”, a través de los cuales las pasiones, temores y contradicciones que atenazan al hombre moderno son recreados en sus rimas.
Este proyecto se propone una mirada al individuo y su estado, en situaciones de mal_ estar, entendido éste como una predisposición, mal determinada, de la condición humana a partir de la cual el bienestar y el malestar no dependen tan sólo de una condición física, sino de un enfoque, circunstancias y proyección social en la vida de cada individuo.
Son sin duda inseparables en esta cuestión tanto la cultura como las cuestiones sociales, dado que directamente inciden en el entorno más directo de la persona, es decir en su entorno cotidiano y la gestión que ésta puede hacer de él.

 

El entorno doméstico se convierte así en un escenario a través del cual se proyectan situaciones y momentos en los que el individuo es vulnerable. En este sentido el proyecto se desarrolla en soportes y formatos diversos, que reflejan diferentes estados del individuo. En ocasiones se proyectan situaciones directamente personales y otras evocan estados más genéricos del ser humano.
LOS CUADERNOS DEL MAL_ESTAR
Reúne un total de 31 cuadernos realizados en un periodo de convalecencia, en el cual intento registrar a través de esa especie de “cuaderno/diario” (un cuaderno/objeto cada día) la situación de malestar, mal gesto, mal trazado, que genera un estado de desasosiego.
En mi caso, el trazo como experiencia estética siempre ha sido un elemento que me ha generado muchas dudas en cuanto a lo que tiene de aprendido, de adiestrado, y lo que supone de reflejo interior de la personalidad individual. En este caso, tenía ante mí una ocasión única para experimentar en primera persona, con una situación de enfermedad y malestar, la manifestación de ese estado a través del trazo y la caligrafía.
A medida que avanzaba, en los cuadernos se fueron incorporando elementos objetuales que narraban una situación de un entorno doméstico en el cual me encontraba. También, desde los inicios más descontrolados, poco a poco el trazo se fue haciendo más vigilante de una situación que iba reconociendo como propia.
ESCENARIOS
Reúne un total de 12 videos de corta duración (menos de un minuto cada uno), realizados a través de pequeñas maquetas realizadas con mobiliarios domésticos intervenidos en miniatura.
Tanto los pequeños objetos que se generan, como los videos que construyen los relatos visuales en un espacio temporal determinado, están considerados como narraciones que implican al espectador en las lecturas de las piezas.
Insinúan situaciones, nunca definen. Evocan momentos y espacios, siempre indeterminados.
En muchos de los escenarios aparecen los cuadernos, como parte del relato también personal. De este modo la presencia del autor no se esconde, aparece en el cuaderno. El espectador añade el resto de la historia.
Maquetas (objetos) y videos, están pensados para mostrarse juntos. El relato de este modo queda abierto a la recreación de nuevos escenarios y nuevas historias
Hacer/Espejo/fluir/interiores/lecturas/malestar/miedos/poema/puertas/reunión/tabicados/ viento del este, viento del oeste, son los títulos que hablan en estos relatos y por los que el audio de los mismos queda desestimado.

 

 

EN LO PROFUNDO DEL BOSQUE                            

 

Y cuando el bosque brama, y gime la tormenta, cuando los enormes pinos, agitándose, aplastan y tumban las ramas y los troncos vecinos, cuando con su caída retumba sorda y hueca la colina, tú me llevas a una segura caverna y allí me muestras a mí mismo y se me desvelan los secretos prodigios de mi corazón....... Así me tambaleo yendo del deseo al placer y, una vez en el placer ansío el deseo

                                                                                                  Fausto (Goethe)

 

 

.

 

El bosque sigue siendo ese lugar al cual uno se asoma, o se introduce a sabiendas de estar al inicio de lo prohibido, donde todo lo improbable puede ocurrir. Es esa necesidad de perdernos casi vertiginosa, la que nos incita a traspasar los límites de lo establecido. Quien no se atreve a penetrarlo nunca encontrará esa segura caverna donde se desvelan los secretos del corazón.

Dice Argullol: “El viaje romántico es siempre búsqueda del yo. El héroe romántico es, en el sueño o en la realidad, un obsesionado nómada. Necesita recorrer amplios espacios-lo más amplios posible- para liberar a su espíritu del asfixiante aire de la limitación.”

 

Ya metida en el bosque, observé a los pájaros en la ciudad, su permanente estado de alerta era evidente; rápidos vigilantes, seguros de sí, no dudan un momento en escapar, sus movimientos son  un continuo ir y venir. Mientras tanto, nosotros permanecemos ajenos a nuestra propia naturaleza, ensimismados en un aparente control de todo el decorado que hemos creado.

¿Qué les ocurre a los pájaros en la película de Hitchcock?. Es lo enigmático de esta situación, su siniestra extrañeza, lo que fascina. Ahora es la naturaleza quien pone en evidencia la fragilidad del individuo. Los pájaros alteran la monotonía de lo cotidiano, exponiendo al individuo al caos. Se pone así de manifiesto el poco control que tenemos ante la vida, nuestra realidad elaborada y ordenada se desmorona y queda en un estado de perplejidad, ante el desorden del azar. Tal vez los pájaros ni existan y sean tan sólo símbolos de nuestros miedos. El miedo, es ese extraño acompañante capaz de paralizarnos, sospechamos que se trata tan solo de otro invento que contradice la necesidad de libertad de ese nómada romántico. En el bosque penetramos en esa frondosa y oscura caverna, donde en solitario paseo, quedamos sorprendidos por nuestra propia presencia.

 

En nuestro cotidiano decorado, el vuelo de un pájaro hace que el aire tome vida y que nosotros, sorprendidos por su revoloteo, nos miremos como en  un espejo, enfrentados a ese reflejo especular. Quien como espectador se asome a éste bosque, tal vez sólo se encuentre a sí mismo buscando en su propia caverna, y si por casualidad coincide con el artista puede ser que los dos anden buscando lo mismo

 

En el arte, tal vez todo sea un escenario, que como el frondoso bosque de la vida nos invita a ser sorprendidos por nuestros propios miedos y deseos

Con extraña violencia, y convocando con atrevimiento a nuestros temores, los pájaros destruyen las delicadas porcelanas, con esto logran desestabilizar el orden y evidenciar la proximidad del caos. Después, en un intento inútil de ser reconstruidas sin lograr nunca volver a su primer estado, rotas, resquebrajadas, dejan claramente probada la posibilidad de la no existencia, la fragilidad de nuestro decorado.   

 

 

                                                                                                                                                                                                                                        Concha García

 

                                                                                                                                                                                                                                         Galería Fúcares (abril 2009)

 

 

cat. exposición : TAN CIERTO COMO EL AIRE. Museo Barjola . Gijón

 

 

 

 

FRANCISCO CALVO SERRALLER

 

PNEUMA

 

El término castellano “neuma”, culto y poco usado, procede etimológicamente de su homónimo griego “pneuma”, que significa “espíritu”, “soplo”, “aliento”, pero su uso en nuestra lengua se refiere a la notación musical anterior al sistema actual, así como al conjunto de notas de adorno con que solían concluir las composiciones del canto llano y que se vocalizaba sólo con la última sílaba de la palabra final. Otra cosa es la infinidad de palabras derivadas en castellano de “pneuma”, casi todas relacionadas con el aire y lo aéreo. Por lo demás, el uso, todavía más cultista, del “pneuma” en teología y filosofía ha remitido al “soplo vital” y la “inspiración”.

 

Estas aclaraciones terminológicas vienen a cuento de la instalación de la escultora Concha García titulada “Tan cierto como el aire”, consistente en la dramática, por temporal, flotación de una serie de globos plateados, hinchados con helio, en el crucero de una capilla de planta basilical, de tal manera que el racimo de aéreas uvas flotantes se arremolinarán, en un primer momento, en la cúpula; después, descenderán a un plano medio, desperdigándose algunas, para, finalmente, quedar derramadas a ras de suelo, donde quedarán enmarcadas por una cerca dorada, concebida como una especie de curvilínea alambrada, cuya separadora barrera aísla el crucero de la nave, como lo hace el iconostasis de los templos ortodoxos, que se abre o se cierra según se quiera que el aliento divino se concentre sólo en el altar o se expanda por toda la asamblea de fieles dentro de la iglesia. Por lo demás, como ya se habrá apreciado, desde un punto de vista técnico, esta instalación, pautada por el tiempo, tiene también algo de “performance” o actuación, porque, aunque propiamente no requiere la presencia de actores humanos, lo “pneumático”, como antes hemos apuntado, tiene que ver con el aliento vital y, por tanto, con el alma de los mortales.

 

Según Concha García, se inspiró para concebir esta instalación o, por lo menos, la de los dibujos que también forman parte de ella en algunos pasajes del drama Fausto, de Goethe, sobre todo, en los que Mefistófeles, parodiando el invento de los globos de Montgolfier, que causaron sensación en vida del célebre escritor alemán, transporta por los aires a Fausto, no sólo para así elevarlo por los cielos, sino para que, después, aterrice en una nueva vida, donde la fuente de juventud y magnética fuerza erótica sea Margarita, una joven, bella e inocente mujer. ¿Subir, pues, para bajar? ¿Descender para renacer? ¿Un regreso añorado al útero materno, esa cálida cueva, ese hinchado globo de germinación?

 

Desde que conozco la trayectoria de Concha García he observado, por una parte, su querencia por avecinar objetos del mundo doméstico y su envés espectral, fantasmagórico u onírico; pero también, por otra, su recurrencia a modos diversos de enjaular el espacio, aunque en estas tramas o redes por donde fluye el aire también haciendo constatar la presencia física de algún elemento orgánico. Todo como al borde o al límite de algo, como a medias entre la transparencia y el opresivo ahogo. El dicho griego “soma sema”, que cabe traducirse como “el cuerpo, cárcel del alma” podría venir bien al respecto, incluso invirtiéndose el orden y el sentido de la frase; esto es: que el alma pudiera asimismo atar o enjaular al cuerpo.

 

La verdad es nunca se sabe muy bien dónde se emplaza Concha García en estas conjunciones que provoca entre lo natural y lo sobrenatural. No se sabe si hurta el cuerpo o el alma o en que relación jerárquica los sitúa, si arriba o abajo, o, si, a veces el uno, arriba, y el otro, abajo. Todo está como flotando en pugna constante con la gravitación.

 

Sin ir más lejos: ¿qué querrá significar eso de “tan cierto como el aire”? Según el Diccionario de la Lengua Española, aire es “el fluido que forma la atmósfera de la tierra”, pero también, entre otras cosas, la “apariencia, aspecto o estilo de alguien o de algo”. De forma que el aire, por así decirlo, flota entre lo físico y lo metafísico, lo real y lo virtual. Fausto vuela por el aire en un globo, pero porque quiere cambiar de aspecto y estilo de vida; hace acrobacias para renacer, como un nuevo Ícaro imantado por el ardiente globo solar, la primigenia fuente de energía.

 

Para un ser humano el aire es tan cierto como la respiración, gracias a la cual vive y también muere, porque literalmente se “oxida”, envejece. Inhala y exhala. Es un palpitante globo rítmicamente atizado por un fuelle. Gracias, en fin, a la circulación del aire puede asimismo “sonar”, se comunica. Habla y canta. Puede hincharse e hinchar. Sopla. Enciende y apaga. Informa: da forma. Crea formas. Al margen de cuál sea la economía de lo gaseoso, el subir y bajar de los mortales, o, si se quiere, su ascensión y descensión aéreas no agota su sentido en la tecnología contemporánea que físicamente los posibilita. Mucho antes de la invención de las aeronaves y, por supuesto, en pleno desarrollo de las mismas, hay en el hombre un impulso místico a la elevación, que, de producirse, recibe el nombre de “levitación”, una paráfrasis del extremo aligeramiento corporal hasta alcanzar un grado de ingravidez temporal, seguido de la correspondiente caída, más o menos abrupta, según haya sido el trance. Aunque no se crea en poderes sobrenaturales, el ascensor cotidiano del hombre es su imaginación que, cuando el mortal es artista, puede hincharse y adquirir un fulgor dorado. En cualquier caso, es imposible no volver a toparse con la realidad, que se asemeja al puntual volador como una insoportable jaula.

 

“Tan cierto como el aire” es la metáfora con la que Concha García nos invita a volar sin dejar de advertirnos del imperioso aterrizaje. De ninguna manera es este un impedimento para no despegar y, menos, desde que Calder hizo volar las cuadrículas de Mondrian. Ningún artista, y menos si es escultor, se resigna a quedarse en tierra, sobre todo, si halla su aeropuerto en el espacio sacralizado de una iglesia. Entonces, más bien se inflama con el “pneuma” y hace una plantación de plateados globos voladores, cuya música callada, arriba o abajo, se expande o resuena con la grave ingravidez de una hermosa cantata, multiplicando sus notas por el espacio.

 

 

FIN

CONCHA GARCÍA

ESPOSICIÓN:  "DESVELOS DEL ALMA"

Galería Marlborough. Madrid 2011

 

 

 

" La belleza es siempre un velo (ordenado) a través del cual debe presentirse el caos"

                                                                                                             Eugenio Trías

 

Aprendí a dibujar el mundo por sus colores, formas, texturas…, pero los aromas no supe considerarlos, tal vez porque me enseñaron a anular los olores insoportables. Empiezo a comprender que todo fue una trama para adormecerme y así  poder soportar las realidades más duras. Perfumamos la realidad para hacerla tolerable.

El velo es ese límite que embalsama y aromatiza los cuerpos para hacerlos bellos. Lo siniestro, como argumenta Trías, es condición y es límite, debe estar velado, no puede ser desvelado.

 

Las obras que presento en la galería Marlborough de Madrid, bajo el título " Desvelos del alma " intentan ver qué hay detrás del velo, qué ocurre tras la cortina rasgada. Tras ese velo, sin duda, está el vacío que inunda como un abismo la superficie de los dibujos "mono y nada "/ "perro y nada". Imágenes rescatadas del siglo XVI de pinturas y grabados de Brueghel, que considero espejo fiel de nuestra realidad más actual.

Las series "hilos de locura", "descubriendo a Brueghel" o "velos de pasión" se descubren tras el agujero producido en el velo y quedan expuestas al ojo atónito que las mira.

Poesía y dibujo son una misma cosa, sin duda los poemas de Valente trazan igualmente en mis obras sobre papel  las líneas que dibujan ese caos oculto, el cual, tal como explica el poeta alemán Novalis, debe resplandecer en el poema bajo el velo incondicional del orden.  

                                                                      

                                                                                                                                                                                          Concha García. (Madrid - octubre 2011)

La mirada asombrada.                                                                                                                                                                   Exposición Galería Pilar Serra. Madrid

 

 

Los objetos como las personas nacen, viven y mueren.  A veces su inanimada presencia nos hace verlos como inertes al tiempo y la experiencia. La constatación de que esto no es así, de que el tiempo y la vida dejan huella nos urgen a "restaurar" las cosas devolviéndolas, aparentemente, al estado donde un tiempo pasado estuvieron. Nos asusta el reflejo inesperado de una sombra sobre la superficie limpia, lisa e inmaculada que alguna vez tuvieron, que alguna vez tuvimos. Los objetos que aquí se presentan, nos desvelan la belleza de la transformación frente a la restauración, de lo caduco frente a lo perenne.  El objeto desubicado y desnudo muestra sus cicatrices, sus ausencias, que lejos de ser cubiertas, se transforman, son expuestas a la luz, con toda la belleza que es capaz de mostrar lo que es irrepetible, fugaz e imperfecto; en definitiva, lo que está vivo. Situarnos ante el tiempo en posición de partida, sin nostalgia del pasado, es recuperar la mirada asombrada de la infancia en el que el tiempo no es un enemigo a batir, sino el lugar donde habitan los sueños. 

En mis obras, el límite entre el interior y el exterior del ser humano está a menudo representado de modo metafórico (a través de los objetos) por medio de velos, capas, tejidos que como redes y mallas vienen a ser una superficie táctil.

En la serie de dibujos con papel triturado a modo de tiras, el soporte de la imagen deja de ser sólo superficie para tomar una dimensión corpórea, casi escultórica. Esta hermosa presencia del papel sigue ocultando como una cortina la imagen que contiene, la difumina, la disturba, como ocurre en la obra "...y todas las cosas para llegar a ser se miran en el vacío espejo de su nada". El árbol, representa la vida, el vuelo agitado de los pájaros conecta con la lucha por ese "llegar a ser" Ese velo que oculta el interior y fascina al exterior, al igual que hace el ser humano con su imagen, no es ajeno a la transformación y al paso del tiempo.

Trabajo ahora en una serie de imágenes en las que las roturas en el papel, incorporan como metáfora la belleza de las huellas del tiempo.

El dibujo del árbol rojo representa la intensidad de la vida, que percibe la amenazante llegada de las huellas del tiempo a través de los desgarros del papel. Unos irónicos y minúsculos rostros aparecen entre las huellas y cicatrices del tiempo. No es una mirada nostálgica del paso del tiempo, sino la constatación de la belleza del paso de la vida.

                                                                                                                                                                                                                                                                                   Concha García

Mil agujas en un pajar                                                                                                                                                                  Exposición Galería Fúcares. madrid. 2005

 

 

Las obras más recientes de Concha García establecen un contacto inquietante con la vida cotidiana. Estas obras condensan encuentros inesperados con una realidad que nos interpela, que nos pincha, que nos aborda en cada esquina, desde la mirada ciega de las pelusas callejeras hasta la demanda desbordante de un carrito de la compra cojo, pasando por la presunta paz de una tumbona que se retuerce recordándonos la imposibilidad del descanso.

 

El trabajo de García con los materiales encontrados (borlas, residuos, objetos abandonados, tubos, tejidos) consiste en una transformación de los mismos con el fin de capturar algunos de esos momentos en los que la realidad se resquebraja y nos reclama para una tarea que no comprendemos, sin sentido. Esta comunicación fallida del sujeto con su entorno se expresa en las piezas de esta exposición, en los restos que hablan de historias dobles, donde por ejemplo la alegre inocencia de una bici de niño se convierte en una maraña violenta que evoca crueldades infantiles.

 

A diferencia de obras anteriores de Concha García, donde exploraba el mundo interior y sus laberintos, en este nuevo conjunto de obras la artista se mete en el pajar de la vida y descubre que no es ella la que está buscando o encontrando, sino que, a su pesar, agujas intempestivas se clavan en los momentos más inesperados. Ese temblor de las borlas de lana, las masas retorcidas que se enredan en nuestros pies o sobre nuestra cabeza, toda esta proliferación azarosa que se despliega y nos parasita es la prueba de que vivimos rodeados de pequeñas catástrofes cotidianas. Concha García se empeña obstinadamente en atrapar esos acontecimientos milagrosos, y nos trae aquí las pruebas palpables, restos de naufragios mínimos envueltos en lana seductora y blanda, una lana que quizá encierre finalmente otra aguja, otro pinchazo.

 

 

 

 

Javier Sáez del Álamo

SOBRE AROMAS. Colección Ventós

 

  Es azul grisáceo y se expande, sus bordes blandos   se mueven y van cubriendo y perfilando los objetos que toca, dibujando en líneas sus contornos.

 

  Es suave, más bien velludo y frío, muy frío cuando me rodea. Si te dejas envolver puedes llegar a sentir también su rugosidad.

 

  Tiene sonido de cascabeles, aunque a veces cuando se agita, se oye en su interior como un croar de ranas un poco desafinado.

 

   Cuando lo bebo, su jugo me sabe a mieles, pero si lo mastico es amargo, incluso áspero, con un punto salado al final. 

 

   Aún no deseo percibir su aroma, me basta con lo que sé de él.

 

 He aprendido a dibujar el mundo por sus colores, formas, texturas… pero los aromas no aprendí a considerarlos. Tal vez porque me enseñaron a anular los olores insoportables. Y empiezo a sospechar que fue para adormecer y   poder soportar las realidades más monstruosas; porque tan sólo así se nos hace ser cómplices testigos perfumados de imágenes  que carentes de su aroma son tan sólo reportajes televisados. 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                              Concha García

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